Bach tenía una gran estima a Haendel, y a menudo deseó conocerlo personalmente. Como Haendel fue también un gran intérprete al órgano y al clave, muchos de los melómanos de Leipzig desearon tener la oportunidad de escuchar tocar a los dos monstruos frente a frente. 

Haendel abandonó Londres en tres ocasiones con destino a Halle, su ciudad natal. En su primera visita -acaecida muy probablemente en 1719- , Bach se hallaba aún en Cöten, ciudad situada no muy lejos de Halle. El de Eisenach fue inmediatamente informado de la inminente llegada de Haendel y decidió viajar a su encuentro. La mala suerte hizo que Bach llegara a Halle el mismo día en el que Haendel partía hacia Londres. 

Con el tiempo, el autor de Giulio Cesare planificó un nuevo viaje a su ciudad natal, fue entre 1730 y 1740. En esta ocasión Bach estaba enfermo en Leipzig. A toda prisa envió a Wilhelm Friedemann. El mayor de sus hijos llevaba consigo una misiva en la que muy cordialmente invitaba a su colega para recibirle en su casa. Lamentándolo muchísimo, Haendel comunicó a Bach que le era del todo punto imposible desplazarse a Leipzig. 

La tercera y última visita de Haendel a Halle se celebro entre 1752 y 1753, cuando Bach había muerto. Es la historia de un encuentro frustrado por tres veces que, de haberse producido, tal vez hubiera cambiado el curso de la historia. 

Extraído del Libro “Este burdel no es una opera” (c) Máximo Pradera y Jesús Trujillo

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